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5 abril, 2018

Significado del etiquetado energético de los electrodomésticos

¿Qué es la energía? Sabemos que es imprescindible, pero nos resulta complejo definirla y, sobre todo, ser conscientes del incalculable valor que tienen los recursos que, convertidos en electricidad, calor o combustible, hacen más fácil nuestra vida diaria. ¿Conocemos el significado del etiquetado energético de los electrodomésticos de nuestro hogar?

Siempre recordaremos la primera ley de la termodinámica que establece que “la energía ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma”; lo que quiere decir que, cuando un sistema es sometido a un ciclo termodinámico, el calor cedido por el sistema será igual al trabajo recibido por el mismo, y viceversa.

Todas las formas de energía pueden convertirse en otras formas mediante los procesos adecuados; es decir, que la energía puede tomar apariencia de corriente eléctrica, luz, calor, sonido y movimiento.

Además de su precio económico, tiene un coste social añadido, pues se trata de un bien escaso en la naturaleza que es agotable. Un uso indiscriminado produce impactos negativos sobre la salud medioambiental, tal y como se explica en la Guía de la Energía del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía -IDAE-.

La energía tiene un coste económico, pero también un coste social añadido, pues se trata de un bien escaso en la naturaleza y agotable

Con esta guía se pretende contribuir a la información ciudadana, buscando la concienciación y comprendiendo el valor de los pequeños gestos cotidianos. Se trata de llegar al consumidor doméstico para que, mediante campañas de divulgación, sepa consumir la energía de la manera más inteligente.

Debemos apostar por un consumo eficiente y responsable, ahorrar energía para conseguir más con menos y usar las energías renovables que nos proporciona la naturaleza. ¿En qué porcentaje los hogares o familias somos responsables del consumo total de energía del país? En un 34 %.

El consumo energético en el hogar depende de las instalaciones fijas, como son la calefacción y al agua caliente y, por otro lado, los equipos que se adquieren a posteriori y se reponen cada cierto tiempo: los electrodomésticos, el equipamiento de la cocina, las lámparas o el aire acondicionado.

¿Qué es y para qué sirve la etiqueta energética?

El nuevo reglamento europeo que afecta a la clasificación del etiquetado energético de los aparatos consumidores de energía entró en vigor el 1 de agosto de 2017. Una clasificación que se rige por el IEE, es decir, Índice de Eficiencia Energética que, en cada caso, se establece para cada aparato etiquetable.

Este Reglamento actualiza el marco normativo para el etiquetado energético, que apareció por primera vez con una Directiva Europea en el año 1992. Resumimos en este artículo la herramienta informativa al servicio de los compradores de aparatos que consumen electricidad.

Este índice se consigue dividiendo el consumo anual en términos de energía, expresada en kilowatios-hora de los que precisa un aparato para funcionar por el consumo anual normalizado para este mismo aparato.

La escala con siete letras que van desde la A -los más eficientes A+++, por el momento- a la G -los menos eficientes-, fácilmente identificable, es la que marcará qué equipo comprar atendiendo a un consumo responsable que mire por el medio ambiente.

Estas clases de eficiencia vienen identificadas además de por las letras del abecedario, por un código de colores: A -verde la gama top y G -rojo para la peor -pasando por tonalidades amarillo y naranja-. No habrá más distintivos.

 

El IDAE puntualiza que, según el reglamento 1369/2017, este nuevo etiquetado se irá instaurando de manera progresiva, no al mismo tiempo en todos los equipos. El propio reglamento establece que antes del 2 de agosto de 2030 todos los productos que se etiqueten deben contar ya con la nueva escala.

¿Cuándo nació el etiquetado?

Fue el pasado 28 de julio cuando se publicó en el DOUE la aprobación del Reglamento -UE- 2017/1369 del Parlamento Europeo y del Consejo. En él se establece un marco para el Etiquetado Energético y se deroga la Directiva 2010/30/UE. La entrada en vigor tiene lugar el 1 de agosto de 2017.

La escala con siete letras que van desde la A -los más eficientes A+++, por el momento- a la G -los menos eficientes- es la que marcará qué equipo comprar atendiendo a un consumo responsable que mire por el medio ambiente

Pero yendo atrás en el tiempo, el sistema de etiquetado energético nació en 1992 propiciado por una Directiva Europea –Dva 92/75/CEE– . Esta es su verdadera fecha de nacimiento.

Desde entonces, han ido apareciendo documentos legales diversos que tienen la intención de informar al consumidor en el momento de adquisición de un producto para así considerar el gasto real que supondrá utilizarlo -ya que implica necesariamente consumir energía-.

Hay que subrayar siempre que el gasto que supone un equipo que vamos a utilizar en nuestro hogar no es solamente el precio que tiene de compra, sino que se ha de contar también el coste de la energía que se necesita para que funcione.

Desde que nació, la situación normativa para el etiquetado energético está en un cambio constante. Por tanto, para productos nuevos se van aprobando nuevos reglamentos de etiquetado, según se dictan previamente los requisitos de ecodiseño, mientras que se revisan y actualizan los reglamentos aplicables para productos que ya se etiquetaban energéticamente con anterioridad.

Conviene no olvidar que estos productos -PUEs- están en continuo progreso tecnológico que casi siempre conlleva una disminución en su consumo de energía.

¿Qué va a pasar en los próximos años?
  • No se habla de Directiva, sino de Reglamento. ¿Qué supone? Un reglamento es el instrumento legislativo adecuado, ya que establece las normas claras y detalladas que impiden divergencias en la transposición por los Estados miembros, tal y como explican desde el IDAE.

 

  • Se excluyen los equipos de transporte del ámbito de aplicación. Desaparece esta etiqueta para vehículos que muevan tanto personas como mercancías, ni sistemas como ascensores, escaleras mecánicas o cintas transportadoras. Se considera que estos equipos pertenecen a otro ámbito de derecho de la Unión.

 

  • Los productos de segunda mano, salvo si son importados de un tercer país, quedan también excluidos.

 

  • La escala vuelve a ser de siete valores, de la A hasta la G, como explicamos anteriormente. La clase A deberá permanecer vacía en previsión de 10 años cuando se reescale un producto.

 

  • Según los tipos de productos de los que estemos hablando, hay diferentes calendarios de aplicación de este reglamento. Cuando se reescale un producto, generando por tanto, una nueva etiqueta energética, se establecerá un periodo de coexistencia de ambas etiquetas, la antigua y la nueva, que el proveedor deberá aportar.

 

  • Se da mayor relevancia a la vigilancia del mercado y a las autoridades responsables de la misma.

 

  • También se insta a los Estados miembros a la incentivación económica para la adquisición de los equipos de mejor clase energética.

 

  • Finalmente, se creará una base de datos que implica más obligaciones para los proveedores de los equipos como la de facilitar una serie de datos de todos sus productos con etiqueta energética.

 

En cuanto a las normas que permanecen igual, se debe destacar que la responsabilidad descansa en proveedores y distribuidores de los productos.

Como siempre y hasta ahora, los proveedores de los aparatos están obligados a aportar la etiqueta energética y la ficha técnica descriptiva.

Por su parte, los distribuidores están obligados a exhibirla junto con el producto en el punto de venta, para facilitársela al comprador.

Finalmente, sigue vigente la facultad de la Comisión para adoptar actos delegados que desemboquen en el etiquetado de grupos de productos específicos relacionados con la energía.

En siguientes entradas de este blog se resumirán los electrodomésticos más comunes que tienen establecido el etiquetado energético: en uno, frigoríficos y congeladores, lavadoras y secadoras, lavavajillas, más el calentador de agua; y en el otro, las lámparas domésticas, el horno eléctrico y el aire acondicionado.

-Fuente de la información: Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía-

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